Pensar sobre la conexión electromagnética, me lleva a reunir elementos que vengo trabajando hace tiempo y que vengo experimentando en mí y en otros. Estos giran en torno a la respiración. Ya que son la inhalación y la exhalación, las que nos llevan a una conexión con nuestra parte lumínica. Es decir, con un impulso eléctrico que se va dando en la trasmisión de célula a célula, de neurona a neurona, generando así ese encendido lumínico.
Muchas veces hemos escuchado que los grandes maestros de la meditación son unos “iluminados”. Y ¡lo son! Las personas que meditamos somos iluminados, porque nos vamos iluminando en la medida en que vamos conectando, a través de la llegada de oxígeno -como alimento celular y neuronal-. Se produce una activación que deriva en un encendido de la actividad eléctrica de nuestro cerebro y de nuestro corazón. Así se genera la red de luz que somos. Con uno mismo y con los otros.
El encendido cerebro-corazón, digo, se da con la llegada del oxígeno, con una Respiración Consciente. Esta respiración es la que vengo experimentando y guiando. Cuando inhalo a consciencia, hago un stop, una parada del automatismo, de esa manera inconsciente y automática que todos tenemos de respirar. Desde que nacemos hasta que morimos.
Cuando paramos con consciencia, direccionamos nuestro oxígeno hacia nuestro cerebro. Le entregamos un flujo de combustible con la intención de iluminación, de conexión, de activación. Así, nuestras neuronas van recibiendo su alimento -alimento sagrado- y encendiendo esa chispa divina. Chispa eléctrica, que va formando la red. Una red que vamos ampliando de forma consciente desde un cuerpo Físico, a un cuerpo Etéreo.
Cuando el oxígeno llega al centro de nuestro pecho, al corazón, se da también esa Activación Consciente. ¿Por qué? Porque también se produce esa transmisión eléctrica en nuestro corazón. Este es como un pequeño cerebro, con electricidad. ¿Dudan? Porqué será entonces que hay estudios que se llaman electrocardiograma, como en el cerebro está el electroencefalograma.
La activación produce esa luminiscencia que se va ampliando, activando el magnetismo en la irradiación y atracción de materia y energía.
Es interesante ponerse a pensar, como de repente, cerebro y corazón forman una homeostasis perfecta, un equilibrio natural que se va ampliando mientras vamos sosteniendo en consciencia esta unión cerebro-corazón. En esta red de luz, de atracción magnética y electromagnética producimos, entonces, esta consciencia de nuestro campo etéreo. Es decir, que nuestro cuerpo es más que un cuerpo Físico.
¿Por qué? ¿De qué estoy hablando? ¿Qué digo cuando hablo de que me enciendo, de que me conecto, de que me activo?
Hablo de la activación: Conexión Cerebro-Corazón.
Esta se produce a partir de la Meditación Vibracional. Lograr ese estado natural al entrar al pulso vital. Un pulso que marca un estado de relax, un estado de tranquilidad, un estado de bienestar. Para alcanzarlo, tenemos que encontrar el pulso que nos es característico, que nos fue dado. Recordemos que cada uno tiene huellas dactilares únicas y personales y que cada uno tiene un ritmo. Un pulso vital que pulsa como un gran organismo: “en donde todos somos uno y uno somos todos”.
Debemos respetar ese ritmo, esa velocidad. Es interesante, pensar en términos de velocidad. Porque paradójicamente lentificando la respiración -inhalando profundo, suave y lento- voy entrando a ese aumento de frecuencia y de vibración. Cuando aumenta la frecuencia, aumenta mi vibración y así entro a un estado superior de conciencia. Esto, sin perder la conciencia ordinaria. Solo que, también activo, la conciencia extraordinaria. Esa que va más allá del día a día, y me conecta en la atracción y percepción de un mundo dimensional que está, igual que cualquier otro. Solamente que no nos han enseñado el recorrido para poder nosotros ingresar a él.
Conocimiento, que llega solo, no por información, sino por conexión ¿Por qué digo por conexión? Porque tiene que ver con conectar el sabio que soy, con el sabio que somos todos. Sí, TODOS SOMOS SABIOS, todos estamos compuestos a imagen y semejanza de esa energía infinita y de esa vibración que pulsa materia y energía.
Entonces, cuando estamos en centro y alineación, estamos en unión. Uno, unifico y uno aumentando mi vibración. Así, algo sucede. Sucede que comienzo a saber, es como que uno sabe, más allá de conocer, más allá de la información, es como una certeza del saber. Uno lo va, experimentando a lo largo del tiempo, de la propia experiencia; viendo que esa sabiduría se puede constatar en el mundo real, en el mundo del día a día, en los vínculos que tenemos, con amigos, con trabajo, con pareja, con hijos. En las cuestiones cotidianas de manejar un auto, de ir hacer unas comprar, de estar tirada recibiendo el fresco o al sol.
Cuando esa conexión se da y tengo esa conciencia, sé entonces, graduar y cómo entrar a mi ritmo. La naturaleza tiene un ritmo, la respiración tiene un ritmo, la vida tiene un ritmo. Muchas veces, vivimos fuera de ritmo, fuera de tiempo, vivimos en otra velocidad – fuera de sí. Utilizamos la respiración, para regresar a él, a ese ritmo interior, propio, único y vital que nos lleva a resonar. Resonar con lo natural.
Quién puede negar, que cuando estamos en un estado natural, cuando vamos de vacaciones, o nos sentamos en el pasto mirando el cielo, recibiendo el sol, el aire, cuando observamos la lluvia, o interrumpimos ese tiempo cronológico lineal, y entramos a ese tiempo sucesivo circular, de repente, experimentamos bienestar, nos sentimos bien. Simplemente, porque entramos naturalmente a ese ritmo que soy, resonando con el todo. Por eso uno descansa y se siente relajado.
“Un cuerpo relajado es un cuerpo sano”, dicen. Yo lo creo. Un cuerpo relajado se restituye, está sin estrés, está en un estado de estar y ser -quien soy-.
Vivimos veloces, pareciera que uno es importante, porque tiene que hacer muchas cosas en poco tiempo. Como si, ¡cuanto más haces, más vales! Hasta la hora tiene un valor, el tiempo tiene un valor, se gradúa en dinero. Esa distorsión, nos saca de nuestro tiempo interno, nos produce una aceleración, llevándonos a un tiempo lineal. Nos vamos alejando del tiempo circular, en donde lo sucesivo es simultaneo. En el lineal, lo sucesivo es primero, en cambio en el circular el instante es eterno.
Esa sensación no es de cantidad, sino de calidad, porque se unifica el ser y el estar. Soy-Estoy, en quien soy, respirando lento. Así de simple, así de fácil.
Cuantas bromas me han hecho. Situaciones repetidas y tantos años diciendo:
-Sandra ¿es posible así de fácil?
-Sí, así de fácil. Lo que hace bien es fácil, es simple. Vamos a pensar, a ver ¿qué hace bien?
¿Hace bien sonreír? Sí y es gratis, fácil, simple.
¿Hace bien respirar? Y si, vital ¿no? Encima gratis, fácil y simple.
¿Hace bien mirar a los ojos? Por supuesto. Nos da confianza y seguridad
¿Hace bien decir gracias, por favor?
¿Hace bien, hacer bien? Eso ni se discute.
Cuando empezamos a tener esa conexión tan íntima con quien soy, comenzamos a experimentar aquello que experimenta el otro.
Para llegar a ese estado, necesitamos soltar el pensamiento. Ese estado de vacío, ese estado de hueco. Al que yo llamo, generar vacío creativo. Es decir, que me voy vaciando de creencias, de supuestos, de juicios y prejuicios. Me voy vaciando de ideas, para entrar y estar en un estado de silencio. Silencio de la mente, silencio del cuerpo que acepta y se entrega pesado-liviano, dos mundos que parecieran opuestos. Y es en esa dualidad, que entro como en un una síntesis, a la unidad. Y es en ese vacío creativo, que puedo llenarme de quien soy.
¿Qué es lo que soy?
Soy luz, soy vibración, energía y materia pulsando y vibrando.
Al llenarme de mí, me voy ocupando de mi Esencia, me ocupo (me lleno) de mi esencia. Conecto con quien soy y esa esencia es mi Presencia. Por eso en presente, en Presencia, en el ahora, en este tiempo sin tiempo, en donde todos los tiempos se reúnen aquí-ahora, en quien yo soy.
Estas frases las hemos escuchado tanto, pero lo bonito es experimentarlo y descubrir que podemos vivir así. Tomarlo como estado cotidiano y en ese estado, activar la creatividad, creando, atrayendo, irradiando lo que soy.
Esto, como me dicen todos: ¿Así de fácil Sandra? Sí, así de fácil.
El mundo siempre ha tratado de complicar. Una frase que me gustaba decir en mis años de consultorio psicológico, era “¿para qué hacerlo simple, si lo podemos hacer complicado?” El ser humano, todos
somos tendemos a complicar lo que es fácil. Nos hemos ocupado de complicarnos, en vez de ocuparnos de descubrirnos, de permitirnos experimentarnos en la simpleza del ser. Y descubrir ese ser-estar alineados en cuerpo-mente-emoción.
Vaciar cualquier pensamiento me permite ir a ese lugar de encuentro en la potencia que soy. Potencia infinita, que me habilita infinitas posibilidades, líneas, conexiones, redes. En donde puedo, entonces, animarme a atravesar los límites, tantos corpóreos como craneales. ¿Cómo? Atravieso mi límite corporal porque puedo ver con la Percepción. Esta visión -diferente a la de los ojos- es la de percibir. Percibir lo que es, LA ESENCIA.
A veces cuando trabajo en consultorio, los pacientes me dicen, “¿Pero qué, sos bruja?” Yo les digo, “No, no soy bruja. Solo estoy en estado hueco”
¿Qué es estar en estado hueco?
Para explicarlo retomo la idea del vacío. Cuando yo puedo vaciarme y ocuparme de quien soy, estoy en estado hueco y no tengo nada. Estoy vaciada de emociones y pensamientos. Estoy simplemente vacía. ESTOY-SOY. Es entonces, cuando si de repente experimento algo, pongamos como ejemplo, angustia, sé que esa angustia no me pertenece. Esa angustia la estoy captando. Esa angustia es del otro. Puede ser del que está sentado a mi lado o de ese nombre que atravesó mi mente.
Puedo diferenciar y saber que es del otro, porque no tengo nada mío. Reconozco, que no estoy pensando. Entonces, si tengo un pensamiento ese pensamiento es del otro, una captación telepática.
-¿Puedo saber lo que el otro piensa?
-Y sí, cómo no lo voy a saber.
-¿Es un registro como lo ordinario o lo cotidiano?
-No, es parecido.
-¿Te lo puedo explicar?
-No. Pero, te lo puedo enseñar, enseñar a que lo experimentes. Porque si yo te explico cómo lo hago yo, lo vas a querer hacer a mi manera. Y no es a mi manera como hay que hacerlo. Es a la de cada uno. Porque volviendo al tema del ritmo, del pulso vital, cada uno tiene una modalidad de codificar y decodificar. Cada uno tiene su tiempo y su velocidad.
Eso es lo que enseño.
Sandra Gutierrez

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