Creo que hay un solo camino para la evolución como especie, como individuo y ese es el camino que nos lleva a develar el gran misterio, ese que encierra el descubrir y saber Quién Soy. Pregunta recurrente a través de los tiempos que ha recorrido la humanidad y que recorro, yo misma, desde hace tiempo. Años de búsqueda incesante, por momentos y en otros, olvidados.
Ese querer saber de mí por mí, sin que nadie me cuente, sin que nadie me diga, me infiera. Descubrir en el insight le esencia misma irrefutable de saberme yo, más allá de todo, más allá de nada, con la certeza inequívoca de que conozco el camino.
Si, el camino correcto, el que me lleva a esa unión que soy, que fui y que seré por siempre. Donde no hay preguntas, tan solo comprensión, sabiduría, el Saber por el Saber, donde no cabe la duda, porque Todo Es. Porque Soy.
Inhalo suave y lento, tomándome el tiempo (eso es respirar a consciencia o con consciencia) siempre un poco más lento, y al momento de descubrirme haciéndolo, voy sintiendo un cambio. Surge una quietud, empiezo a percibir en mi cuerpo etéreo el “que no veo” pero que si siento o experimento, como una especie de calor y ensanchamiento. Sensaciones que cuestan describir. Sigo respirando un poco más lento y ocurre que el cuerpo físico empieza a ceder la tensión, esa que creí que no tenía, la reconozco en los músculos del cuello, de la espalda, piernas, mandíbula y la suelto. No importa en qué parte del cuerpo la sienta, el secreto está en que al descubrirla la suelto. Es saber que la tengo para dejarla ir, como si telas o lienzos se desprendieran de mí. Alivianando el cuerpo, relajándolo cada vez más y recordando que un cuerpo relajado, es un cuerpo sano.
Y así tengo que ir por la vida, relajada, sana. Cada vez que a lo largo del día me descubro tensa, contracturada, malhumorada, desganada, es decir en menos (no bien), respiro suave, respiro lento, “suelto” la tensión. Siempre inhalando y exhalando por nariz.
Esto que ocurre con el cuerpo, ocurre también con la mente. Hay tensión en la mente y esto sucede cuando aparecen pensamientos, ideas, recuerdos que No estamos pensando, que no queremos recordar, pero de repente están ahí en nuestra cabeza una y otra vez. A veces de forma insoportable, los reconocemos. Otras, no nos damos cuenta que estamos tomados por esos pensamientos o recuerdos que van, que vienen y siguen estando (por ejemplo: “ tengo que hacer esto”, “ tengo que hablar con fulano”, “ o me hicieron tal cosa”). Entonces me descubro pensando, o me descubro “tomado” por esos pensamientos. Ahí sonrío y respiro lento, sí, suave y lento, le cambio el ritmo a mi respiración y suelto esos pensamientos.
Capaz me preguntarías “¿Sandra cómo hago para soltar los pensamientos o ideas que me aquejan, que me incomodan, que me irritan y me ponen mal?” Yo te contesto, inhalando lento, suspendiendo un microsegundo ese discurrir del pensamiento. Generando un break, un corte, un recreo a voluntad. En vez de esa sinapsis recurrente, reiterativa yo me detengo a respirar conscientemente e interrumpo ese devenir del pensar.
Imaginate que puedas mantener esa interrupción tan solo con otra inhalación y otra más.
Pero qué pasa cuando, de repente aparece la misma idea u otro pensar. Volves a sonreír para continuar inhalando un poco más lento, otorgando ese tiempo al tiempo para soltar y crear a voluntad, ese que soy.
Experimentalo y verás lo que sucede en tu cuerpo. Seguro se relaja un poco más y tu mente va creando microsegundos de “espacios-vacíos-virtuales”, los que yo llamo vacíos creativos para que luego puedas llenarlos a voluntad. Nuevas formas de conexión interneuronal al desactivar en ese soltar, esas ideas y pensamientos que nos toman sin permiso.
Y como cualquier arte y disciplina uno se va entrenando, dedicando, dando tiempo al tiempo para soltar y crear a voluntad ese que soy en cada Ahora en cada instante de ese presente eterno que vivencio.
Sandra Gutierrez
